
- Mandados por un borracho... con un viejo fusil al hombro, oíd el grito sagrado de tu corazón. De tras de aquellos valles enzima de esa colina, quedaron miles de brazos apuntando a dios. Detrás quedaron padres, también amigos y hermanos sangre nueva de una generación. Hoy nadie te recuerda y escucha tu reclamo . .
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